miércoles, 29 de mayo de 2013

₰ Experiencias del Inframundo - Shark: Marcado




Una figura pasa a ocupar mi campo de visión. ¿Por qué lo sé? No porque en el Infierno se vea lo más mínimo, desde luego, sino porque mis instintos más primitivos se disparan: alzo el hocico para detectar su aroma y su característico olor a azufre, y mis ojos distinguen una sombra algo más delineada y tangible que las demás. Su voz es de lo más particular: afilada, hiriente, a la vez que atrayente. Ella… La oigo acercarse, la noto tocarme.

—Ah, mein Hund…

Me estremezco. Un alma de su harén había desaparecido. El resto de Amos, queriendo diversión y entretenimiento (cosa que había que molestarse en buscar a diario: la eternidad era aburrida), jugaban todos con todos y culpaban a los sabuesos de unos y otros. ¿Conclusión? Enfados, riñas y despliegue de ira. El acuerdo al que habían llegado estaba implícito: de puertas para afuera, todos protegían a sus súbditos, pero de puertas para adentro se aprovechaban de ellos.

En el Infierno no se permitían errores. Todo era caos, sí, pero reinaba el orden en el desorden. No se consentían fallos… No se consentían. Sin embargo, un desliz lo puede cometer cualquiera. ¡Cualquiera! Pero no todo Cualquiera obtenía un castigo como los que otorgaba Ama. Vamos, solo se había perdido un alma. Una maldita alma. Ese error del que hablo ni siquiera ha sido mío o de mi hermano… Pero es obvio que a aquel ser que se digna a acariciarme mientras me sentencia no le importa lo más mínimo. Tampoco es que yo fuera a delatar a ningún otro sabueso o fuera a salir una mísera palabra de mis labios. Mis… Oh, expresión equivocada.

Fauces. Quería decir fauces.

Mi mirada ambarina se cruza con la de mi Ama, único ser que podía mirarme más de tres veces seguidas a los ojos sin sufrir las consecuencias que normalmente este hecho implicaba. Iset… Iset, así se llamaba. ¿Cómo me llamo yo? ¿Acaso los siervos tienen nombre? ¿Acaso son poseedores de algo? Ni siquiera de la facultad del habla, puesto que, ¿para qué la necesitamos? Los amos juzgan, los perros somos juzgados. Nadie sabría jamás el verdadero culpable de aquel crimen, pero que pagaran justos por pecadores no era novedad alguna en aquel lugar que llamábamos hogar —término también erróneo, puesto que, como ya he dicho, los sabuesos no poseemos nada en absoluto—. Tan siquiera tenemos métodos ni denominaciones para distinguirnos. Los sabuesos solo son… somos… parte de nuestro Amo. Yo era parte de Iset, al igual que mi hermano. Ambos sabuesos éramos Iset, e Iset era nosotros. Por separado éramos partes de un todo. ¿Juntos? Un todo completo.

Su mano acaricia mi hocico, cosa que no hace sino aumentar mis ganas de ladear la cabeza repentinamente, cual cobra dando caza a un apetitoso ratón, y llevarme su delicada mano por delante. Pero yo no era mi hermano, aquel a quien más le costaba controlar sus instintos. Me pregunto acerca de su paradero: su situación actual, me juego el pescuezo, no debe ser muy distinta a la mía. Tuerzo el morro, un gruñido se atasca en mi garganta, y dejo entrever mis afilados dientes al entreabrir las fauces, amenazante. No me muevo, sin embargo. ¿Por qué? No porque esté paralizado por el miedo, en absoluto, sino porque unos grilletes anclan mis cuatro patas al suelo cubierto de hollín.

—Perro ladrador, poco mordedor… —recita la mujer, con sorna. En realidad, no cabe sino apostar a que sabe que no voy a dañarle. ¿Cómo rebelarse? ¿Cómo atacar aquella… mano… que nos daba de comer? Sus dedos pasan a rascarme la oreja: aquel gesto podría llegar a ser placentero de haber sido ejercido por cualquier otra persona. Aguardo, con los nervios a flor de piel. ¿Qué espero? Lo peor.

Surca mi cuello, alza la mano surcada por perceptibles venas sin apartarla de mi pelaje y pasa a mimar mi cabeza; baja por la frente, se decanta por uno de los lados de mi rostro. El diestro. Sus yemas peinan lo que podrían ser mis cejas y luego inician un descenso.

Calor.

¿Calor…?

Dolor.

Un gimoteo que deriva en un aullido desgarrador brota de mi garganta ajada. Trato de revolverme, pero es inútil: la mano libre de ella ya ha pasado a aferrar mi garganta y lucha por inmovilizarme. No creo que haga falta decir que lo consigue. Una indeseada ceguera me azota repentinamente.

—Shh…

Al tiempo que sus uñas envueltas en llamas chamuscan mi pelaje y arañan en sentido descendente el párpado inferior de mis ojos, Ama pasa a cantarme una canción. Acompaño su retahíla de palabras a mis oídos sin sentido con gemidos y aullidos de lo más lastimeros, pero la agonía no se acaba ahí: ya no es solo que la mano que me aprieta el gaznate haya cobrado fuerza y me esté robando el aire, sino que la que taladra mi piel, dibuja sobre ella y la hiere, pasa al otro lado del rostro y este sufre el mismo y fogoso destino. Los arañazos duelen, los pulmones me arden por la falta de aire, y las lágrimas hacen que la carne abierta escueza, aunque no por ello las retengo. No puedo dar muestras de debilidad: no, al menos, ante ella. Doy paso a calmar mis gritos, que se acallan a medida que la cantinela de mi acérrima enemiga baja tanto de tono como de ritmo hasta que todo sonido muere finalmente.

Las sombras se han cernido sobre mí. No veo nada en absoluto, nada… Solo soy consciente de cuanto me rodea, y ello es gracias al resto de mis sentidos. He caído al suelo, temblores involuntarios me sacuden, y los grilletes me cortan el pellejo y me hacen daño. Ama se aleja levemente. Elevo mi mirada, actualmente muerta, hacia el lugar en que la presiento.

—… exhibe con orgullo la marca que te identifica como mío…

Ya no hay excusa posible: Iset había roto las normas al proclamarme suyo para que ningún otro Amo pueda beneficiarse de la no identificación de los sabuesos del Infierno, y pagaría las consecuencias de su gesto.

miércoles, 22 de mayo de 2013

₰ Introducción



El tiempo es algo intangible que los humanos intentan contabilizar para tener bases en las que fundamentar la longitud de su vida. Yo, como inmortal que soy, no me molesto siquiera en tratar de argumentar nada acerca de mi incierto futuro o mi oscuro pasado. Tenerlos, los tengo, y eso es lo que cuenta. O no. Quizá para muchos, seguramente para pocos, esa información sea irrelevante: a mí mismo me parecen conocimientos inútiles y con lo que no voy a perder el tiempo. ¿Sabéis realmente lo que importa? El presente, construido en un pasado olvidadizo. ¿El futuro? ¿Acaso lo hay? Las acciones transcurren: al hacerlo, dejan de ser parte del presente para formar el pasado, y el futuro… ¿Acaso no es el presente que vivimos y dejamos atrás?

¿Qué hago yo en el presente?

¿Qué presente?

Esto es una historia… Esto es mi historia. Escribamos un presente histórico pues.

₰ Índice

+ Rol

+ Ficha

+ Introducción

+ Experiencias del Inframundo

+ Experiencias en el Paraíso Terrenal

martes, 21 de mayo de 2013

₰ Ficha

+ El nombre real del muchacho es Sharkenger Laestern. Dice llamarse Shark por ser su apócope, porque le gustan los tiburones y porque los dientes afilados son una de las características principales de su raza y su transformación. El único mote que podría decirse que posee es Sharkie, modo en que le llama de vez en cuando su hermano pequeño Klayne.

+ Actualmente se cree que su edad humana ronda a los treinta años, pero su alter ego lleva desde tiempos inmemoriales como sabueso del Infierno.

+ La raza de ambos hermanos (Shark y Klayne Laestern) es Hellhound*.
http://es.wikipedia.org/wiki/Hellhound

Bien, eso es lo que dice nuestra amiga la Wikipedia; ahora, veamos lo que digo yo:

Los Hellhound son sabuesos infernales y, como tales, son guardianes del Inframundo. Es por ello que se les asocia con la Muerte y el Diablo. Como sabuesos que son, necesitan un dueño. Normalmente, este es el encargado de guiarlos y decirles cuanto deben hacer para el correcto funcionamiento de la seguridad del Infierno, pero dichos amos suelen usar también a sus perros en beneficio propio. Este es el caso del ama de Shark y Klayne.

Yo voy a centrarme en la historia del ama con Shark. Si a alguien le interesa la de Klayne, que se lea su ficha.

Siendo un simple perro infernal, Shark estaba bajo el mando de un ama llamada Iset Stouker
.
Se encontraba sometido a ella sin posibilidad de rebelarse, al igual que su hermano, hasta que Satán, en uno de sus muchos duelos con Dios, reunió a sus súbditos para que le ayudaran a vencer aquel duelo de deidades. ¿La razón? Un objeto de incalculable valor para ambos... Que se encontraba en la Tierra. Es por ello que satán reunió a algunos de sus sabuesos, Shark y Klayne entre ellos, y los mandó al paraíso terrenal con la intención de hacerse con dicho tesoro antes que los mandados de Dios. Sin embargo, el Infierno no podía quedar desprotegido mientras la misión era cumplida, así que uno de los muchos Amos de sabuesos del lugar ofreció todos los suyos a cambio de una mejor posición social en la jerarquía demoníaca. Con esos sabuesos, Satán creó al can Cerbero, actual protector del Inframundo. ¿Su anterior propetario, aquel con ansias de poder? No volvió a saberse de él.Respecto al ama de ambos hermanos, cabreada como estaba porque le hubieran arrebatado a sus chuchos, viajó a la Tierra para recuperarlos. Su forma de identificarlos está basada en las marcas que les impuso: Klayne tiene un dibujo en el ojo derecho y Shark unas cicatrices grabadas a fuego de sus uñas bajo estos (de ahí su temor por dicho elemento y la razón que le impide usar el fuego a no ser que le resulte realmente necesario). Dichas marcas se oscurecen o aclaran, haciéndose más o menos visibles, según el ánimo en el que se encuentre. Volviendo a la historia de los sabuesos, al llegar estos a la Tierra, se reencarnaron en criaturas humanas: dos niños muertos. Uno de ellos, el mayor, era Shark. Sus cadáveres se hallaban en la morgue de un hospital y su guardia, por aquel entonces una mujer mayor, al darse cuenta de que ambos estaban vivos, los sacó de allí, cambio el papeleo y los cuerpos y los llevó a su casa. Los crió como a sus nietos, les dio nombres y apellido y cuidó de ellos hasta su muerte, apenas dos años más tarde. Por aquel entonces, Shark tenía unos ocho años, y Klayne rondaba tres. Fue entonces cuando comenzaron sus idas y venidas de orfanato a casa de acogida y viceversa. Klayne era un muchacho travieso y además enfermo del que Shark cuidaba con ahínco, pero el mayor también tenía sus más y sus menos, por lo que la convivencia con ellos era complicada. Tras ir y venir de mil sitios distintos, al cumplir Shark los dieciocho, firmó como tutor legal del pequeño y ambos se fueron a vivir a Rusia, no sin antes despedirse de su última familia dándole una non-grata despedida. Shark llevaba trabajando desde los dieciséis al tiempo que compaginaba sus estudios (que no terminó más por pereza que otra cosa: era demasiado listo para sus clases y se aburría en ellas), lo que les permitió alquilar una casa y vivir allí desde entonces, en un piso compartido tan solo por ambos Laestern. De esta forma, tienen la libertad necesaria para centrarse en cumplir el encargo de Satán para el que fueron mandados a la Tierra.

Ambos hermanos tienen ciertas características como Hellhounds: se alimentan de la vida y su objetivo es cuidar de que sus víctimas o las de sus amos no huyan jamás del Inframundo. Algunos amos las esclavizan y, para ellos, un mayor número de almas implica también un mayor poder. Es por ello que los Laestern tienden a matar, alimentando de almas a su alter ego: Klayne, lo hace incinerando a sus víctimas e inhalando el humo de sus cenizas, y Shark tras un ritual en el que dibuja con sus garras una estrella invertida en el pecho de su víctima y se come su corazón.


+ Respecto al aspecto físico, Shark es un muchacho fuerte, de cabello negro con reflejos azulados y los ojos ambarinos. Su rasgo más característico son las cicatrices de tres rayas verticales grabadas a fuego bajo sus ojos (marca de su ama en el Infierno). Estas se oscurecen o se aclaran según su ánimo. Es alto, ronda al uno noventa, y le gusta cuidarse. Hace mucho ejercicio físico y practica defensa personal. Es ágil, sigiloso, y tiene mucho fondo, lo que le implica cansarse con facilidad.

+ En lo que a su carácter se refiere, es de temperamento fuerte, pero solo cuando lo hartan definitivamente: suele controlarse y aparenta estar siempre muy tranquilo, pero tiene mucho rencor y mucha ira acumuladas (a veces por razones tangibles, otras por cosas que no comprende). Por ello es complicado el trato con él: nunca sabes cómo va a sorprenderte. Le cuesta socializar con todos a excepción de con su hermano, porque odia las injusticias y la falsedad de la gente, y él es alguien fiel. Dice las cosas como son. Cree ser autosuficiente, solo necesita a su hermano, y odia los lazos de utilitarismo y materialismo que unen a personas que dicen quererse y necesitarse la una a la otra. Sin embargo, cuida de los suyos y vive por y para su hermano: ambos se complementan, y los defectos de uno, los suple el otro. Es un rebelde sin causa con mucha personalidad y caracter, e inteligente a su manera a pesar de carecer de estudios: tiene una filosofía propia y unos principios muy sólidos.

+ Sus habilidades más destacables son la transformación total o parcial en el can que define a su raza. Además, tiene muy buena puntería y los sentidos muy afilados. También posee el control sobre el fuego, aunque rara vez suele usarlo por miedos intrínsecos en él que le hacen odiarlo a la vez que temerlo. Le gustan las armas blancas. ¿Sus favoritas? Un par de hachas que suelen viajar a su espalda.

+ - Algunas curiosidades de Shark es que cuando habla suelo hacerlo con dejes rusos, debido a su estancia allí. Habla varias lenguas debido a las muchas familias por las que ha pasado, lo que ha viajado con ellas y su enorme facilidad para aprehenderlas.

- Cuando se encuentra mal, se provoca lesiones para distraerse, pues el dolor le calma. Estas lesiones se manifiestan mediante heridas de sus garras (en sus medias transformaciones) o simplemente mordiéndose los carrillos por dentro, la lengua o los labios.

- Las marcas de sus ojos se oscurecen o aclaran hasta hacerse casi invisibles según su estado de ánimo.

- Uno de sus dones (o maldiciones, como se prefiera) indiscutibles es que, tras mirarle tres veces a los ojos a alguien, dicha persona muere. Ello implica que trate de evitar el contacto visual, pero a veces es inexorable. [ATENCIÓN: Hay que andarse con cuidado son esto, señores, sobre todo porque User odia a los trollers.]


+ Le gusta todo lo oscuro, quizá por los innumerables años que su alter ego pasó en el Inframundo. Ama los días grises, la lluvia, los paisajes fúnebres... E ir de caza, tanto a dos como a cuatro patas. Le disgustan cosas como el sol (por compararlo con una enorme bola de fuego) o que lo molesten, le repliquen o le den órdenes. Sobre todo esto último: odia que lo sometan.     

₰ Rol

- No quiero RELACIONES INTERPERSONALES y ello implica que NO LAS TENDRÉIS. Eso es importante, desde luego. Dicho queda.

- Es posible el rol solo con Shark o con ambos hermanos Laestern (solemos pedir juntos porque jugamos con la misma historia, pero siempre hay excepciones).

- Mi hermano hará lo que le venga en gana, pero yo ofrezco rol SOLO POR FOTO. Espero que esté claro.

- Todos tenemos alguna que otra falta, pero no me toquéis la moral. No acepto cosas como hierba con v, había como "avia" o hilo sin h. Creedme, lo he visto. Y la cosa se quedó ahí, puesto que dejo de contestar.

- Extensión aceptable: cantidad no implica calidad, aplicaos el cuento.

- Nada de iconos ni mariconadas en los roles.

- No admito trolleadas, ni personajes intocables, ni polladas de esas.

- Que nadie ignore lo que se postea. A todos se nos pasan detalles, nimiedades, pero no os flipéis, ¿sí? De acuerdo.

- A quien me meta prisa no le contesto.

Hecho. Con Satán.