domingo, 14 de julio de 2013

₰ Experiencias en el Paraíso Terrenal – Shark: Diario [ Entrada: II ]

¿Qué mueve al mundo? 
El dinero. 
¿Qué pasa cuando no tienes? 
Pues… que no te mueves.

Cuando me encontré con Hay y decidimos viajar a Rusia para conocer al resto, no contaba con que, en lugar de un billete de avión que, además, no era directo, tendría que comprar dos. Así pues cuando, al despuntar el alba, fuimos a comprar mis lentillas transparentes idea fugaz a la que supe aferrarme para no causar muerte instantánea al tercer vistazo a mis ojos y, tras ello, al aeropuerto, no pude hacer más que desilusionarme: los lujos y las comodidades de la clase alta que yo no podía permitirme, ciertamente me tocaban la moral. Sin embargo, aquella vez no fue para mal. ¿Por qué? …Pues porque de haber tomado ese avión, no habría logrado conocer bien a Hay, no habría sabido si merecía la pena o no mantenerla a mi lado, y probablemente la habría matado. Un pacto es un pacto, y yo, como chucho que soy, también me considero fiel. No obstante, las palabras son palabras, y estas se las lleva el viento. Definitivamente, Hay habría acabado muerta…

Y eso es algo que ahora mismo dudo que mereciera la pena.

Europa me ha cambiado. Los viajes que tuvimos que hacer, tanto en transporte más barato como andando, ralentizaron nuestro paso y nos dieron la oportunidad de conocernos. También he tenido tiempo para pensar. ¿Sabéis la sed de sangre intrínseca en los caninos de mi tipo? Los lobos matan y se alimentan de carne, los sabuesos como yo matamos y nos alimentamos de almas. La de Hay… Diablos, quiero probarla. Siempre he dicho que las almas más sucias, las más corrompidas, las más salvajes, eran las mejores condimentadas. Sin embargo, la suya, a pesar de ser todo lo contrario… Me llama la atención. Quizá porque sea algo que no he visto antes, no lo sé. Lo único de lo que soy consciente cuando la veo es de querer fundirme en sus ojos verdes, antes que en su pecho y su latiente corazón, para inspeccionar su alma sin rasgarla o mancillarla mediante ritual alguno y aprender con ello. Hablando de sedes… Quizá lo mío podría calificarse como sed de conocimientos.

Siguiendo con el tema del conocimiento, cuando Hay y yo estábamos en Francia, conocí a Babette, una señorita cambiante de apariencia física tanto como yo de humor. Dicen que las máscaras cambian, pero los enmascarados siempre son los mismos. A lo que voy, el angelito me había prohibido dar caza a los suyos, pero ello no implicaba seguimiento ni métodos de convención para que… bueno, hablaran. Yo me hallaba siguiendo a un mandado de Dios cuando este entró en un cabaret. Para que digan que los celestiales son buenos o no pecan… La cuestión es que me vi forzado a seguirle y, para cubrir mi tapadera, me hice pasar por guardia de seguridad. Coló, por supuesto, para todos, a excepción de la dueña: la ya nombrada Babette. Esta me dejó cumplir mi trabajo pero, a cambio, debía pagarle con horas de servicio. No sé por qué me la pasó: quizá le llamé la atención, o a lo mejor fue puro utilitarismo y el saber aprovechar la ocasión. Fue de esta manera como comencé a trabajar en el cabaret de segurata, y esto nos hizo quedarnos en Europa a Hay y a mí más tiempo del previsto pero, ganando dinero, conseguí reunir la suma suficiente como para comprar billetes decentes a Rusia para viajar más rápido. Faltaba poco para ver de nuevo a Klay y Ginna… Quién sabe cómo les iría a ese par.


Nota: S, recuerda lo que te dijo el ángel del cabaret cuando utilizaste esos métodos tan poco legales para que cantara. Ya sabes, el alcohol suele ser poco fiable y a veces falla, pero ten en cuenta un nombre: Yuline H. Aizawa.

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